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otro

 así era pronta la hora pronto el tiempo, pronto el lugar otros que llevaron la victoria no fueron otros para no llorar arenas que pasean entre mis dedos son las semillas mías que disperso  al camino sin nombre, que conozco las trampas delgadas, las trampas sin ojos otro rezo, otro canto, otra rima otro pueblo, otro acto, otra cima otra muerte, otra brisa, otra mano otro yo, otro solo, otro daño otros todos, digo nadie, otros todos por si acaso, no son todos, no del todo, no por todo está del todo, aunque todo  no sea todo. perseguí la esfera, el siniestro mito, la mitad polizonte, la mitad del abrigo, no fue amor lo dijo el dicho era magia, el peligro, como un nicho de tormentas él me dijo, sin palabras y en su beso me desdigo porque tiembla cuando observa, aunque huye, en su brazo de manzana fuimos luces yo que pedí el milagro  tuve miles el sol nos vio sin ropas y él sonríe me pide que le guarde un secreto es atento quiero ser libre, respira, quiero ser eterno.

Las luces

Las vi en Huarocondo. Desde que partimos, sin embargo, solo nos rodean gigantescas siluetas que cortan la extensión de los nubarrones sobre nosotros. Por su lado, el conductor rebusca algo en la guantera. Extrae una pequeña memoria USB y la conecta al equipo de sonido. Reproduce  una balada a un volumen apenas audible. Será su manera de alivianar este viaje, pienso. Nos había advertido que el trayecto duraría más o menos dos horas, siempre que no hubiera tráfico a la entrada de la ciudad. Probablemente, nos encontramos a la mitad del camino, aunque ya no tengo prisa. Luego de unas seis o siete canciones, el copiloto, un hombre de espalda ancha y cuello corto, duerme sin el cinturón abrochado, y el sujeto al otro lado de este asiento cabecea esporádicamente, ajustando sus lentes de tanto en tanto. Inclusive a Leonardo le cuesta mantenerse despierto, como si luchara en vano contra el sopor. Yo, por mi parte, no puedo dormir. Me resigno entonces hacia las enormes siluetas del exterior...

Canción de amor

¿Cómo podría escribir otra canción de amor si ya no estás? Es la misma pregunta que se repite entre los jirones del humo del incienso que se esparce por la habitación. El olor a canela que intento perpetuar durante tu ausencia. La misma pena de un domingo que se difumina entre mi llanto. Espero nuevamente a la lluvia que convertirá mi sollozo en otro rumor de agua. Mi amor, cariño, ¿por qué ya no estás? Cada uno de los signos pasó frente a mis ojos y no pude advertir el hilo de donde pendían cada uno de ellos. Cuando cerraron la puerta, pensé que sería otra inquietante tregua de silencio y distancia. Ya venía acostumbrada por la zozobra de tu idas y venidas. Sabías perfectamente que tu lengua era más poderosa en tus palabras que en los besos. Pero yo fui quien eligió tu piel sobre lo demás. Como estrategia, solo buscaba un refugio permanente para dormir el resto de las noches de la primavera. Luego sería tarde para enamorarse. Ahora veo a través de la persiana a las gentes transitando,...

[RESEÑA] Los chicos de la Nickel

Solo se puede salir indemne de Los chicos de la Nickel sin haberla leído. No existe manera que no te sumerjas plenamente en la historia. Desde la admiración ante un estilo maduro y ágil de la narración hasta el horror o desolación por la miseria y despojo de sus protagonistas, transita de igual forma la ansiedad por lo impredecible, la revoltosa esperanza o la convicción por una revolución dentro de esta novela, ganadora del Premio Pulitzer 2020. El segundo reconocimiento para un autor cuyo anterior libro, El ferrocarril subterráneo , también Pulitzer, vuelve a interpelar al lector ante la precariedad de un primigenio sistema carcelario para menores de edad, en la que en su raíz más profunda y nefasta confluyen el racismo, la segregación y la violencia. En esta obra, es posible reconocer  tres tipos de relatos: el de iniciación o aprendizaje, el histórico y el  político. Reconocer no significa distanciar; al contrario, Whithead construye en este periplo un juego de tiempos, d...

Nuevos rasgos del radicalismo de derecha

  A mediados de los años sesenta, Theodor W. Adorno ofreció una conferencia acerca de una preocupante situación que se desarrollaba en Alemania: los nuevos partidos fascistas alcanzaban una cantidad representativa de votos en las urnas. El fenómeno, explicaría, no era para solo sorprenderse, sino para entender y cuestionarse cómo las ideologías más radicales de derecha encontraron su asidero en el fascismo hitleriano y flexibilizaron antiguos mecanismos de propaganda para introducirse legalmente en el debate público. El libro que recoge esta declaración de Adorno se titula "Nuevos rasgos del radicalismo de derecha" y, para ser sinceros, en tan solo 50 páginas coloca en relieve, de manera concisa y frontal, aquellas características y medios de los que dispone esta ideología que ha recobrado una fuerza insospechada en todo el mundo. Sin preverlo, el filósofo alemán expresa una suerte de vaticinio de lo que serían las actuales herramientas de despliegue de la ideología radical d...

Tuve miedo, Lemebel

Días convulsos y desangrados que aún no terminan. De las multitudes, pancartas y gritos hemos transitado al descontento y la náusea general. Otra vez, somos el residuo de una tierra acalambrada. Una revolución ahogándose entre dinero, favores y teleprónters. ¿Cuándo será la hora? En Tengo miedo, torero , Pedro Lemebel narra los entresijos de un amorío estacional durante las revueltas en Chile ante el fallido atentado contra Pinochet. Un país también convulsionado por la dictadura y el ahogo político y económico. Hay en esta historia una atractiva belleza que no recurre al romance normado desde la heterosexualidad. Es la identidad travesti, el género danzante, la dicha de labios y faldas, lo que maquilla e interioriza a este relato. Y el agrio contraste con las conspiraciones y rebeliones aunado con la música y esa tragedia de telenovela, conspiran con el lector para un acercamiento más íntimo hacia aquellas sublimes revoluciones que sacuden al mundo. Una novela contraria a los cánones....

La Guerra de las Salamandras: una distopia submarina

Una distopía es un paraíso indeseable. Podemos imaginarla como un régimen cuya efectividad radica en el control y poder totalitarios. Básicamente, es lo contrario a una utopía, la perfección anhelada. En la literatura, abundan ejemplos de estas ficciones. Conocemos aquella "trinidad" conformada por  Un mundo feliz , 1984 y Fahrenheit 411 . Cada una de estas distopias ubica sus núcleos en la tecnología y la felicidad, el control y la vigilancia, en la cultura y la historia, respectivamente. También tenemos a El cuento de la criada , cuyo centro es la mujer, el Estado y la religión. Sin embargo, no conocía hasta ahora una distopia que no surgiera de un futuro distante, y cuyos pilares se afiancen en la esclavitud y el colonialismo, que  revelase discursos racistas e imperialistas, que satirizara a los medios de comunicación y a la comunidad científica, que exponga la cuestión del medio ambientel a dimensiones casi bélicas, y que diera una vuelta de tuerca a la supremacia del s...

Honor y decadencia

Escena de "Rashomon", película de Akira Kurosawa basada en el relato homónimo de Ryunosuke Akutagawa A lguna vez hemos escuchado sobre los samuráis. Hombres entrenados en un régimen militar bajo un estricto sistema de valores. Sujetos disciplinados en el honor y cuyos rituales tienen un velo casi místico. Suelen ser retratados como individuos incólumes y vigorosos, a veces nobles o despiadados, pero rodeado de suntuosidad y cierta elegancia. ¿Pero te has imaginado a un samurái empobrecido por una crisis económica, desesperado por sobrevivir a tal punto de robar? ¿O a un grupo de soldados enardecidos por atrapar piojos en un viaje mar abierto? ¿O a un samurái maligno pero enamorado? Pues estos son solo algunos de los personajes en los relatos del escritor Ryunosuke Akutagawa, referencia casi indiscutible de los cuentos japoneses, cuyo escenario principal fue el Japón feudal y el otro rostro del honor: la decadencia. En esta oportunidad, nos hemos reunido con cuatro cuentos del...

La muerte se escribe sola

Los versos de Blanca Varela son huracanes. O abismos. O golpes. O duchas frías. O calientes. O desgarros. O temblores. O incendios. O músculos. O pájaros. O rabia. O muerte. O resurrección. Anteriormente, había leído algunos de esos fragmentos dispersos y náufragos que están por las redes. Hace unos tres días, conseguí la antología "Como Dios en la nada", que reúne distintos poemas desde 1949 hasta 1993. En ellos, se vislumbra un arco de evolución, desnudez y silencios que me ha dejado anonado, como un K.O. Recién me levanto de la lona para escribir este breve artículo. No puedo abarcarlo todo si intento hablar del universo poético de Varela. Me parece, en estas circunstancias de herido y vapuleado, una labor ardua e inconcebible. Posee una paleta de visiones, imágenes, símbolos y, sobre todo, silencios, que para cualquier lector no le resultaría indiferente. Estoy seguro que al menos un solo verso de Varela puede conmover al universo. A veces, eso es todo lo que necesita la ...

Pueblo chico, niños grandes

Tenía 15 o 16 años cuando escribió "La Biblia de Neón", su primera novela. Eran los años cincuenta y a pesar de sus esfuerzos, ningún editor estuvo interesado en la publicación del manuscrito. Tres décadas después, en 1989, llegó a ver la luz en gran parte por una nueva cruzada liderada por su madre, quien consiguió anteriormente la publicación de '"La conjura de los necios", aquella insuperable novela del joven escritor John Kennedy Toole. Era la confirmación del genio demostrado. ¿Por qué he iniciado con la edad del escritor durante la gestación de la novela? En primer lugar, porque esta es una de esas narraciones donde la edad sí es un factor determinante en la concepción y visión de la misma. Siendo puntual, la historia de La Biblia de Neón es la de un niño llamado David, habitante de un miserable pueblo en el Sur de Estado Unidos, a quien acompañamos desde su propia voz a las agridulces experiencias que encarna durante una década de crecimiento. Este niño, ...