Una distopía es un paraíso indeseable. Podemos imaginarla como un régimen cuya efectividad radica en el control y poder totalitarios. Básicamente, es lo contrario a una utopía, la perfección anhelada. En la literatura, abundan ejemplos de estas ficciones. Conocemos aquella "trinidad" conformada por Un mundo feliz, 1984 y Fahrenheit 411. Cada una de estas distopias ubica sus núcleos en la tecnología y la felicidad, el control y la vigilancia, en la cultura y la historia, respectivamente. También tenemos a El cuento de la criada, cuyo centro es la mujer, el Estado y la religión. Sin embargo, no conocía hasta ahora una distopia que no surgiera de un futuro distante, y cuyos pilares se afiancen en la esclavitud y el colonialismo, que revelase discursos racistas e imperialistas, que satirizara a los medios de comunicación y a la comunidad científica, que exponga la cuestión del medio ambientel a dimensiones casi bélicas, y que diera una vuelta de tuerca a la supremacia del ser humano contra la naturaleza. Todo esto, y muchísimo más, encontramos en La guerra de las salamandras de Karel Capek.
El perfil bajo de esta novela y la poca divulgación que ha tenido se deben, en gran parte, a las circunstancias alrededor de su publicación en 1936. Capek, escritor y periodista checo, era un declarado antifascista y un fuerte candidato al Premio Nobel. Para ese tiempo, el nacionalsocialismo en Alemania desbordaba en popularidad, por lo que no se le reconoció premio alguno al escritor. Asimismo, luego de que La guerra de las salamandras fuera publicada, y las criticas le fuesen totalmente favorables, no supuso mayor revuelo debido al silenciamiento por parte del nazismo. En 1938, poco antes de que los ejércitos alemanes invadieran Checoslovaquia, Capek fallece a causa de una neumonía. La enfermedad lo salvó del infierno de los campos de concentración. La novela naufragó en el olvido.
Sin embargo, décadas después sería rescatada por algunas editoriales que evidenciaron el poder discursivo y estilístico de la obra de Capek. La novela está elaborada en una estructura poco usual para su época y que hoy sería parte de las vanguardias narrativas. Sabiendo que el escritor fue también periodista, utiliza la crudeza y el tono divulgativo para narrar la historia, como si se tratara de un testigo de los sucesos, pero a su vez, inserta, a manera de collages, recortes periodísticos, carteles publicitarios y hasta artículos científicos, como sacados de alguna enciclopedia, para darle al lector una pista más real y aterrizada de los eventos. Las notas a pie de página tampoco se quedan atrás. A simple vista, pareciera una estructura compleja, pero no lo es. El propósito de Capek era darle una referencia visual y estremecedora de los cambios suscitados en la humanidad a raíz del descubrimiento de las salamandras. Las herramientas visuales le otorgan una profundidad más sensible a la crítica esbozada en esta novela.
De la exploración a la explotación
La novela inicia con las expediciones del capitán J. van Toch por unas islas del Mar Índico. Su misión era recaudar perlas para una empresa judía. Cerca de una pequeña isla llamada Tana Masa, divisa unas cabezas de animales en la superficie del mar. Intrigado por aquellos seres, emprende una investigación con algunos habitantes de la región. Según se nos describe, Van Toch es un marino arrogante, exacerbado y terco. De aires soberbios, tiene un trato inhumano e irreverente con sus subordinados y los pobladores de las comunidades. Se delata el despotismo y el comportamiento del hombre blanco colonizador, quien observa a los otros como salvajes y desentendidos, cuyo único propósito es trabajar para los civilizados.
Luego de algunos vaivenes, Van Toch descubre que aquellos animales tenían un tipo de inteligencia para imitar el comportamiento de los humanos. Maravillado por esta conducta, el marino se establece en la zona para capturarlos y domesticarlos. A cambio de este "favor", les ofrece navajas y armas blancas para defenderse contra sus depredadores, los tiburones. Este suceso, tal vez anecdótico, puede configurarse como el primer contacto de la civilización y las salamandras. Y será partir de este momento que todos los acontecimientos serán el resultado de una relación de poder basada en la supremacía del humano sobre los recursos de la naturaleza.
Los discursos de la ciencia
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| Andrias scheuchzeri, especie extinta de la familia de las salamandras gigantes |
En primera instancia, se recibió con gran incredulidad la noticia de las salamandras. Las primeras imágenes y testimonios no fueron suficiente para convencer, así que se les consideró una mentira. Esto fue declarado por uno de los científicos más respetados de la comunidad. Sin embargo, "la curiosidad humana es insaciable" y conducidos por ese afán de investigación, diversas universidades y estudiosos ahondaron en estos no tan nuevos animales.

Titulares y cómplices
El salamandrismo: la nueva filosofía
Resulta que las salamandras forman parte de la familia del Andrias Scheuchzeri, un especímen creído extinto hace cientos de años. Esta revelación generó revuelo hasta en los círculos científicos más conservadores. Posteriormente, mediante una entrevista a una de las salamandras cautivas en un zoológico, se empieza a construir un somero perfil de este animal. La interpretación de los resultados resulta llamativa:
-No se puede afirmar que piense por sí sola.
-Su vida psíquica, si es que posee alguna, es, precisamente, la heredada de las ideas y opiniones propias de estos tiempos.
-No es necesario dar demasiada importancia a su inteligencia, porque en ningún aspecto sobrepasa a la del hombre corriente de nuestros días.
Cabe añadir que durante la entrevista, la salamandra respondía con citas a los titulares de los periódicos que leía. ¿Cómo fue posible que aprendiera a leer? El conserje del zoológico le ayudó con un lenguaje básico. Aprendió el inglés a modo de repetición. Hasta ahí, se le creía con la capacidad de repetición de un papagayo. No pudieron estar más equivocados.
Existió también una contraparte a estas primeras creencias sobre las salamandras. En el capítulo Sobre los lagartos humanos, el profesor Uher declara en un artículo que "en esta resurrección de la salamandra del Mioceno, vemos con respeto y admiración que el Genio de la evolución todavía no ha terminado su obra creadora del planeta". Entendemos que hubo discrepancias en cuanto a la percepción e interpretación de la conducta de las salamandras. Empero, esta pequeña admiración por el andrias scheuchzeri no fue tomada en serio. El profesor Uher se pregunta si las salamandras tendrían algún porvenir, tanto en la evolución natural como en la historia de la humanidad. Desafortunadamente, los medios de comunicación y la comunidad científica lo ridiculizan y censuran.
El homo sapiens se presume superior al resto de animales del planeta. Concebir otro ser cuyas capacidades cognitivas y técnicas sean equiparables le resulta ofensivo, inclusive una amenaza. Tal vez digan que hay algo de instinto, pero se trata, sobre todo, de una conducta social, un fenómeno cultural. A partir de esta mirada, las investigaciones que por asomo comentaban alguna semejanza del ser humano con las salamandras fueron desplazadas progresivamente.
En el capítulo Tras las huellas de la civilización, el más extenso y probablemente el más importante de la novela, se describen los escalofriantes experimentos a los que son sometidas las salamandras. Desde vivisecciones hasta congelamiento, los animales pasan por una suerte de pruebas para comprobar su resistencia y adaptación a los ambientes más extremos. ¡Hasta les cortan las extremidades para comprobar que les vuelvan a crecer! Posiblemente nos suene a las experimentos animales para los productos cosméticos o farmacéuticos. Este guiño a la perversión del método científico logra inquietar al lector. Los científicos se regocijan ante los descubrimientos sobre la biología de las salamandras. Los cadáveres son desechados como basura. Sus facultades físicas son capitalizables.
Capitalismo y esclavitud
Una de las sátiras más feroces esbozadas en esta historia versa sobre el funcionamiento de las industrias, el capitalismo y los niveles casi absurdos del extractivismo y el progreso tecnológico.
Luego del descubrimiento de las salamandras, el capitán Van Toch viaja hasta Checoslovaquia para reunirse con G.H. Bondy, uno de los magnates más renombrados del país. La propuesta del capitán era utilizar a las salamandras como mano de obra para la extracción de perlas, corales y diversas materias que puedan encontrarse en los fondos marinos. Bondy queda fascinado por la historia de la domesticación de las salamandras y, en efecto, acepta el trato y emprenden una compañía que terminaría bautizándose como la Sociedad de Exportación del Pacífico.
Tiempo después fallece Van Toch y la sociedad convoca a una junta para decidir su futuro. La técnica narrativa y visual usada por Capek vuelve a cautivar: a manera de transcripción de una conferencia, leemos el acta de conformación del Sindicato de las Salamandras, una organización internacional que acentúa el énfasis en la mano de obra de las salamandras. Comprobadas su resistencia a distintos ambientes, pero sobre todo su capacidad de trabajar bajo el mar, además de los escasos costos que significaría mantenerlas, la SEP deja el rubro de exploración de perlas para crear un primigenio monopolio de venta y alquiler de salamandras a todos los países del mundo y a empresas privadas. Y no contentos con la propuesta, añaden otras industrias relacionadas al trabajo de las salamandras: alimentos, transporte, farmacéuticas y demás. Lo que hoy entendemos por un holding, el nuevo Sindicato de las Salamandras propone un control total sobre la vida y explotación de las salamandras, a su vez que todo aspecto relacionado a ellas genere ganancias (desde la captura hasta su reproducción).
"El Sindicato de las Salamandras se dedicará también a buscar en todo el mundo trabajo para millones de salamandras. Presentará planes e ideas para dominar el mar. Propagará la utopía y los sueños fantásticos. Presentará proyectos como la cimentación de nuevas costas y nu evos canales,[...]el levantamiento de nuevos continente construidos en medio de los mares. ¡En ello reside el provenir de la humanidad!"
Y del capitalismo...

Titulares y cómplices
La prensa juega un rol determinante en la configuración de este nuevo orden mundial. A principio, Capek inserta en la novela, a manera de sátira, diversas titulares de las reacciones de los medios de comunicaciones internacionales sobre el hallazgo de las salamandras. Posteriormente, el discurso se pone a disposición de las necesidades económicas y políticas y dominantes. Un caso particular y llamativo es sobre una nota de la prensa estadounidense. Aquí se menciona que "las salamandras habían violado a muchachas que se estaban bañando. Como resultado de estas informaciones, en los Estados Unidos se dieron muchos casos de linchamiento de salamandras macho, que después se quemaban en hogueras". Evidentemente, se trataban de fake news, concebidas para generar el repudio de las salamandras como sujetos de derecho e iguales a los humanos. A pesar de ser desmentida esta y otras publicaciones por la comunidad científica, el ideario colectivo va tomando un cariz antirreptiliano y separatista. Visionario o no, Capek ya nos relata el presente de Estados Unidos, donde las fake news y la posverdad son el cimiento de políticas racistas y antimigratorias.
El salamandrismo: la nueva filosofía
Esta nueva utopía en construcción acelera sus pasos a calzado de gigante. Nuevos continentes, innumerables colonias de salamandras en todo el planeta, el crecimiento exponencial de la población mundial, la brecha económica brutal entre los poderosos y los desplazados. Y dentro de toda esta vorágine exhaustiva, surge un pensamiento, una filosofía, un nuevo pragmatismo: el salamandrismo.
Personalmente, es una de las genialidades de este libro. Capek postula una ideología que surge de una facción de las salamandras, pero que sacude también a gran parte de la población humana. La creencia de que las salamandras son seres pensantes, capaces de decidir sobre sus propias vidas y que ningún humano posee tal derecho de propiedad sobre ellas. El sentido de la igualdad, aunque pueda residir en el fondo, arriba a una peculiar distorsión: las salamandras son iguales a los humanos, pero más igual es su prójimo, las salamandras obreras. Se enciende una revolución al interior de esta nueva "nación". Las postulaciones contrarias y el debate ajusta la tensión en la comunidad, pero, sobre todo, con los gobiernos y grupos de poder económicos. Una revolución significa la renuncia a la esclavitud, la indepedencia y libertad. Sin embargo, una facción no menos importante de las salamandras intenta mantener el lado más diplomático del asunto, arguyendo la sostenibilidad de la comunidad a largo plazo.
La figura de Moloch, como un profeta anónimo submarino, aterroriza al mundo entero, debido a la amenaza de estallar, desde las profundidades, todos los continentes del mundo. Al final, las salamandras son las únicos seres pensantes que pueden vivir en el agua y en la tierra. Y en el agua les va mucho mejor. No tienen nada que deberle a los humanos, más que el conocimiento y la autopercepción de su yo. Aunque sabiendo que desde el primer contacto del capitán Van Toch, nunca fue la intención domesticarlo para enseñarles la libertad.
Al final, si es que lo hay, la utopía de los humanos fue su propio debacle. Las salamandras estan a un paso de conquistar al conquistador. La naturaleza vuelve a tomar las riendas del orden. El ser humano, después de todo, no era el único animal político.




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