Solo se puede salir indemne de Los chicos de la Nickel sin haberla leído. No existe manera que no te sumerjas plenamente en la historia. Desde la admiración ante un estilo maduro y ágil de la narración hasta el horror o desolación por la miseria y despojo de sus protagonistas, transita de igual forma la ansiedad por lo impredecible, la revoltosa esperanza o la convicción por una revolución dentro de esta novela, ganadora del Premio Pulitzer 2020. El segundo reconocimiento para un autor cuyo anterior libro, El ferrocarril subterráneo, también Pulitzer, vuelve a interpelar al lector ante la precariedad de un primigenio sistema carcelario para menores de edad, en la que en su raíz más profunda y nefasta confluyen el racismo, la segregación y la violencia.
En esta obra, es posible reconocer tres tipos de relatos: el de iniciación o aprendizaje, el histórico y el político. Reconocer no significa distanciar; al contrario, Whithead construye en este periplo un juego de tiempos, donde el presente está habitado de dolor, cadáveres y memoria, y el pasado, de jóvenes esperanzas, desilusión y horror.
Si hablo de un relato de iniciación, refiero, sobre todo, a la vida del protagonista, Elwood Curtis. Un niño afroamericano en los años 60 que observa los albores de la revolución social y política contra las leyes de Jim Crow y el segregacionismo. Un pequeño observador del cambio, libertad y justicia. Siendo huérfano de padre y abandonado por su madre, Elwood encuentra en la figura de su abuela los bastiones morales para afrontar las dificultades de su tiempo: testigo y víctima del racismo legalizado e institucionalizado en los Estados Unidos. A través de lo que nos confiesa en sus primeros años adolescentes y las conversaciones con su abuela, vamos entendiendo, como meros lectores, lo doloroso y complejo que pudo resultar vivir como afrodescendiente durante aquellos años. Elwood abandona tempranamente la inocencia para rebuscar su propio yo. Encuentra, como farol en medio de la tormenta, a la voz de Martin Luther King como el molde de sus pensamientos y ambiciones, aún cuando la desgracia podría haberlo doblegado.
Por un momento, pareciera que Elwood es el arquetipo del buen hombre, encaminado por los valores inculcados por su abuela y ansioso por un futuro éxito laboral. Sin embargo, creo que la propuesta no es por definir plenamente a un personaje "bueno", sino a un ser político que se construye en relación a su experiencia social y vital. Cabe mencionar que la educación juega un rol determinante para los planes de El: encuentra en ella un medio para la liberación. Las protestas, las "sentadas", los enfrentamientos con la policía, las huelgas y la transformación de toda una generación determinan el carácter de un adolescente invadido de dudas y esperanzas. No es la rectitud muchas veces una características de las buenas personas, sino una declaración política de liberación y supervivencia.
![]() |
| Colson Whitehead, galardonado con el Premio Pulitzer 2017 y 2020 |
No quisiera dar muchos detalles de la propia historia para que puedan disfrutar cada pasaje, pero sí considero necesario mencionar otros temas que van develándose en su desarrollo. El castigo y la justicia son uno de los más resaltantes en esta novela. El ejercicio de la violencia física y psicológica son brazos de un sistema racista cuyo objetivo es, si no apoderarse, destruir los cuerpos racializados. Whitehead maniobra la narración de una manera en que no discurre continuamente en elementos explícitos para graficar la brutalidad de los agravios que recibían Elwood y sus compañeros. Ofrece al lector un juego de elipsis para azuzar la imaginación y declarar que inclusive la propia literatura no alcanza para describir el horror.
Por otra parte, cabe resaltar que la Nickel existió. Digamos que con otro nombre, y en otra lugar, pero existió. El autor basa el relato en los hallazgos de cerca de 80 cadáveres en los exteriores de un antiguo reformatorio en Florida en el 2014. Vemos como la ficción funciona como un sucedáneo de lo real. El cariz histórico de esta novela amplia sus fronteras como mera narración: una suerte de híbrido entre la ficción y la crónica. No es descabellado creer que cualquiera de las historias de la novela pudo ser real.
Estoy seguro de que existen muchas más razones para leer a Los chicos de Nickel y que los tópicos mencionados pueden profundizarse y estudiarse mucho más. Son esta clase de libros que consiguen tocar alguna sensibilidad y desplazarnos a la reflexión, que nos sumerge en el vértigo sin apartar la crítica y el testimonio. La vida, la libertad y la igualdad enfrentándose al monstruo más despiadado de la sociedad: el racismo.


Comentarios
Publicar un comentario