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Honor y decadencia

Escena de "Rashomon", película de Akira Kurosawa basada
en el relato homónimo de Ryunosuke Akutagawa

Alguna vez hemos escuchado sobre los samuráis. Hombres entrenados en un régimen militar bajo un estricto sistema de valores. Sujetos disciplinados en el honor y cuyos rituales tienen un velo casi místico. Suelen ser retratados como individuos incólumes y vigorosos, a veces nobles o despiadados, pero rodeado de suntuosidad y cierta elegancia. ¿Pero te has imaginado a un samurái empobrecido por una crisis económica, desesperado por sobrevivir a tal punto de robar? ¿O a un grupo de soldados enardecidos por atrapar piojos en un viaje mar abierto? ¿O a un samurái maligno pero enamorado? Pues estos son solo algunos de los personajes en los relatos del escritor Ryunosuke Akutagawa, referencia casi indiscutible de los cuentos japoneses, cuyo escenario principal fue el Japón feudal y el otro rostro del honor: la decadencia.

En esta oportunidad, nos hemos reunido con cuatro cuentos del autor cuya intersección es un interés por la dimensiones menos elegantes y opulentas de una sociedad conservadora y dominada por una jerarquía de los valores. La moral y el honor son pivotes del día a día.

"Rashomon" es uno de los relatos más difundidos de la literatura japonesa. En él, se narra la historia de un ayudante aprendiz sumido en la pobreza a raíz de la crisis económica que atravesaba la ciudad de Kioto. Luego de ser despedido por su amo,  encuentra refugio en Rashomon, una las entradas a la ciudad, que antaño fue un majestuoso lugar, pero se reconoce ahora entre ruinas y cadáveres. El aprendiz se cuestiona a sí mismo sobre el conflicto de morir o corromperse:

Para escapar a esta maldita muerte —pensó el sirviente—, no puedo esperar a elegir un medio, ni bueno ni malo, pues si empezara a pensar sin duda me moriría en alguna zanja; luego me traerían aquí, a esta torre, dejándome tirado como a un perro. Pero si no elijo…

Este condicional, "si no elijo..." remueve sus cimientos morales. Es urgente sobrevivir, si eso conlleva al deshonor. Como si se tratara de una algún tipo de resignación. Un ejemplo de cómo Akugatawa resalta los conflictos internos sobre las creencias del bien y el mal: ¿qué es malo cuando buscas sobrevivir? 

A continuación, el sirviente encuentra un camino hacia la planta superior. Observa luces y sombras mientras sube una escalera. Posteriormente, encontrará a una anciana arrancándole el cabello a un cadáver. El aprendiz, impresionado por la escena, le reclama por esa conducta. La mujer mayor lo sorprende con la excusa de que robaba para elaborar pelucas, su modo de subsistir. Y además, aquel muerto fue una mujer que engañaba a los comensales, por lo que tenía una justificación ética para su accionar. Todo resulta en una concatenación de deshonras.  En ese momento, el sujeto le arrebata sus pertenencias y en una respuesta inconsciente y honesta, se convence de su elección de vida:

Y bien, no me guardarás rencor si te robo, ¿verdad? Si no lo hago, también yo me moriré de hambre.


Ryunosuke Akutagawa

"La nariz" lleva el tema del honor al ámbito del cuerpo. Zenchi Naigu es un sacerdote cuya prominente nariz le ocasiona más de un disgusto. Tanto por los comentarios de otras personas como por la incomodidad que le genera, Naigu busca desesperado alguna solución para reducir el tamaño. Ha dejado de observar a la gente como tal, le parece todo un deambular de narices, comparándose con ellas para sentir que no está solo, que no es el único con una anomalía de ese tipo. No obstante, su búsqueda es estéril. Ni siquiera en los sutras o antiguas leyendas descubre otro individuo con un problema así.

Entonces recurre a un nuevo método traído desde Kioto por un discípulo. Aunque uno esperaría algún tipo de cirugía, la solución es más cómica de lo que se espera. Había que pisotear la nariz luego de hervirla unas horas. Naigu desconfía, pero no le quedaba más que seguir con este tratamiento por demás estrafalario. A pesar de su incredulidad, y contra todo pronostico, surte efecto y ve su nariz reducida significativamente. 

Lo absurdo no se detiene aquí: a partir de ese momento, toda persona que pasaba de cerca de él, no aguantaba la risa y la burla. La nariz, al parecer, era más llamativa que antes. Akugatawa lo vuelve a hacer: contradice dos reacciones para generar un nuevo debate al protagonista y al lector. ¿Cómo era posible que se burlase aún mas de aquel hombre si había reducido el tamaño de su nariz? Parece que esta nueva dimensión les resultaba diferente, dado que se habían acostumbrado a la anterior. Naigu consiguió llegar a lo que huía: ser el centro de atención y la mofa de sus prójimos:

En el hombre conviven dos sentimientos opuestos. No hay nadie, por ejemplo, que ante la desgracia del prójimo, no sienta compasión. Pero si esa misma persona consigue superar esa desgracia ya no nos emociona mayormente Exagerando, nos tienta a hacerla caer de nuevo en su anterior estado. Y sin darnos cuenta sentimos cierta hostilidad hacia ella


Por otro lado, "En el bosque" y "Los piojos" son ejemplos del deshonor y la decadencia, respectivamente. Mediante un estilo de testimonios, Akugatawa elabora un caso policial sobre el asesinato de un samurái y el misterio del cuerpo de una mujer muerta. Se despliega una complementación de la historia de los testigos, siendo inclusive contradictorios, pero que componen sutilmente un entramado de suspenso. Al reconstruirse los hechos, se cuenta con los testimonios y evidencias en el lugar del crimen, pero es el lector quien puede detectar al culpable.

El otro relato habla sobre la decadencia de los militares, quienes se aventuran en un barco rumbo a la batalla. En el trayecto, se destapa una plaga de piojos en cada rincón. Asaltados por el escozor y el hacinamiento, dan inicio a la caza de los bichos. Gon’noshin propone guardarlos para sí, en vista de que la picazón lo mantendría caliente durante las heladas. Inoue, por otra parte, los cazaba para comerlos. Algún provecho debían tener. El pelotón se divide en dos bandos a favor de cada uno. De las burlas y los comentarios llegarán a usar las espadas para diputarse el botín: los piojos:

 “Jigoku-zoshi” de Tosa Mitsunaga

El último cuento, "El biombo del infierno", es un punto incomparable en la colección citada. Tratándose de un cuento más extenso que los anteriores, rezuma de un terror límpido que no recurre al salvajismo. Al contrario, Akugatawa expone a un personaje absurdo y genial como el pintor Yoshihide a la tensión entre arte y ética. Sobredimensiona la búsqueda de la perfección al punto del sacrificio humano. Este cuento, sin dudas, posee sutilezas y guiños al lector, dándole una composición desde el propio pasado de los personajes, la sensibilidad y la estética. También se expone el mecanismo de poder por parte del señor Horikawa, su mecenas, hacia él y su hija. Además habla de la personalidad y extravagancia del genio y lo desquiciado que terminaría siendo Yoshihide. 

En suma, la historia tiene un guiño a El retrato de Dorian Grey. En el proceso de creación, el artista se entrega al delirio, a la depravación y lo decadente. Yoshihide rompe esa barrera ética, pues sabe que luego de ella conseguirá la perfección de la obra de arte.


Puedes encontrar estos cuentos y más en Lima Lee



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