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[Reseña] Historia del ojo


Considerada por la crítica como la obra maestra de la literatura erótica, Historia del ojo es una novela corta cuya lectura representa una experiencia en varias capas de entendimiento, narración y, por supuesto, de placer. Aunque no puede considerarse un placer light, sino todo lo contrario. Rezuma en pasajes surrealistas, autoexploración del cuerpo, muerte, fetiches y simbología, enfrentado a la moral y las “buenas costumbres”.

Publicada en 1928, Bataille utiliza, desde su concepción, una posible ficción de su infancia junto a su padre enfermo de sífilis. Será por la crudeza del estado de su progenitor lo que le revelaría gran parte de los elementos que serán representativos en la novela. Aun cuando eran conocidas ya las agresiones, violencias y vejaciones que Sade escribió casi dos siglos atrás, la conjunción de estilo y niveles de interpretación le otorgan un lugar especial en la literatura a este libro.

“Una historia de niños traviesos y una novela gótica del siglo veinte, un texto surrealista a medio camino de la prosa y de la poesía y un documento clínico de las obsesiones. Es todas estas cosas a la vez y en eso está su mérito. Cualquier intento de desunirlas, para analizarlas por separado, tendría el mismo efecto que autopsiar un cuerpo vivo: matarlo”. (Mario Vargas Llosa)


Por su inicio, pareciera narrar la historia de dos adolescentes que van descubriéndose en el capricho y fantasías del sexo, sin consumarse estrictamente el acto. Será a partir de sus encuentros recurrentes y de los infantiles y rebeldes caprichos de Simone que irán explorando nuevas zonas de placer hasta llegar a las fronteras de las obsesiones o patologías. Junto a Marcelle, otra pequeña adolescente que sucumbe a sus instintos dentro de un armario tras revelársele ejercicios irruptores de una moral, se internarán en las profundidades de sus fantasías, curiosamente buscadas para paliar su aburrimiento. Cada encuentro significa un nuevo nivel del regocijo, recurriendo a elementos como la leche, los huevos o la tierra. La pluma surrealista de Bataille nos transmite, desde la seducción y el horror, semejanzas entre huevos y ojos, entre la Vía Läctea y secreciones; entre la muerte y los orgasmos. En suma, sabiendo que cada escena provocaría todo tipo de reacción, sostiene con mayor amplitud su significado. Esto es pieza clave y distintiva de muchas otras novelas eróticas. Serán las escenas de la corrida de toros y el secuestro de un sacerdote las cimas de lo inmoral y lo anhelado. Toro, sangre, cáliz, ostias, Sol, cuerpos, saliva, carne, desenfreno, y unos enfants terribles sonriendo al final.


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