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John Keats y la imaginación



Desde sus trabajos poéticos en relación a la mitología griega como su Endimión hasta sus últimas cartas, la figura de John Keats puede comprenderse como un poeta imaginativo y sensual sobre un barniz melancólico y perdido en el amor.

Mi última lectura han sido sus 'Sonetos, odas y otros poemas' (Colección Visor de Poesía), una breve antología de sus escritos más importantes, con un interesante prólogo de Matthew Arnold, que habla, sobre todo, de sus epístolas y su concepción de la poesía como una experiencia vital e imaginativa. Aunque no utiliza exactamente esta definición, puede intuirse esta semblanza, dado su ímpetu para que sus amigos entendiesen que su labor poética no corresponde a una acción académica ni culta, tampoco una búsqueda de aprobación de otros escritores o algún tipo de fama, sino de ensalzar la “fuerza de la poesía“, de testificar el “principio de la belleza de todas las cosas“.

Keats murió enamorado. Y no es que haya muerto por amor. En sus últimos días, recordaría a Fanny Brawne, su musa, como el motor más importante de su poesía. Más aun cuando creía que ella lo valoraba por ser él mismo y no por su producción artística. Esta fe sería lo último que cargaría hasta su muerte.

Entonces, ¿en dónde reside la fuerza de la poesía de Keats? Podría especular al respecto, pero mi convicción es que el poeta tenía un talento singular para la imaginación. Una de sus frases más recordadas, inclusive por Borges, “no sé nada, no he leído nada”, nos entrega una pista sobre el origen de sus creaciones. Como mencioné anteriormente, Keats era renuente al ámbito académico, aunque no distaba de leer a sus contemporáneos, como Milton o Byron, o algunos clásicos, como Horacio. Pero esto no significa ningún fervor por los círculos literarios. A Keats lo acompaño otra fuerza, la juventud, energía zigzagueante, que lo elevaba a las cúspides más sensibles, así como a los abismos más insondables. A partir de estos vaivenes, recogerá ese aplomo para sus versos. Y su imaginación será el material más importante sobre otro tipos de estímulos. Dirá que 'lo que la imaginación toma como belleza tiene que ser verdad', o, como en los primeros versos de Endimión, “la belleza es verdad, la verdad belleza, esto es todo lo que sabes de la tierra, y todo lo que saber necesitas”.

En resumen, Keats, el joven poeta comparado inclusive con Shakespeare, dudó del alcance de su obra y de la confirmación de otros fuera de su íntimo entorno. Le bastó desatar sus emociones en sus versos, aliviar sus abismos con puentes que ahora nos permiten vislumbrar la melancolía de su interior: “Qué hermoso sería si la tristeza no hubiera hecho que la tristeza fuese más hermosa que la misma belleza”.  No necesitó preparación académica ni un deseo enloquecido por la fama, sino solo expresarse, en ser joven y vivirlo, en decir todo lo que tuvo que decir:

    “Todo lo que puedas saber te he contado”.




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