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[Reseña] El clamor de los bosques


Sequoia Sempervirens (secuoya)

Un militar salva de morir luego de lanzarse desde un avión en llamas y caer en un banano; una universitaria en los  80’s muere electrocutada en su habitación y resucita al siguiente momento luego de escuchar las voces de unos seres de luz; una saga familiar que heredó a cada generación las fotografías diarias a un árbol desde inicio del siglo XX; una investigadora ambiental casi sorda que suscita conmoción en la comunidad científica al descubrir que los árboles poseen un mecanismo de comunicación en sus biomas. Personajes cuyas historias se vieron capturadas por la presencia de un árbol, salvados de la muerte o revelados a una causa aún mayor que la vida humana: la vida de los árboles.

La novela se encuentra dividida en cuatro partes: Raíces, Tronco, Copa y Semillas. La primera es el conjunto de historias personales de cada uno de los personajes. La saga familiar de los Hoel daría para mucho más análisis, pero quedémonos en su tradición de pintar y posteriormente fotografiar al único castaño que crecía en toda la región. Otra historia es la de Mimi Ma, que se remonta a la de su padre, un ingeniero que huyó de China antes de instaurarse el régimen comunista y que le entregó un arhat de sus antepasados budistas y un anillo de jade grabado. Las historias de Neelay Mehta y la pareja Brinkman son las únicas que ocurren en paralelo al resto: el primero, inválido luego de caer de un árbol, desarrollaría el videojuego más impactante y absorbente de la historia, y dará el siguiente paso al incluir algoritmos que imiten los ciclos de la naturaleza. Los segundos, por su parte, una pareja de actores casuales y lectores voraces, contemplarán el ocaso de sus vidas desde su alcoba, leyendo libros e imaginando historias.

Entonces, ¿en qué momento se relacionan estos personajes, si cada uno pertenece a una época distinta? Todo parece indicar que a mediados de los 90’s, cuando se agudizan las protestas medioambientales y la ecorrevolución toma un papel incómodo en la economía norteamericana. Guiados por Cabello de Venus, el nuevo nombre que tomará aquella universitaria resucitada, participarán en marchas, bloqueos de carreteras y cadenas humanas alrededor de árboles. Las voces de esos seres de luz son las voces de los árboles. El progreso no es el enemigo, sino la depredación insostenible e innecesaria del ser humano. Cada vez se necesita más y más. La madera es el recurso más usado en la historia de la humanidad. Y en un siglo se ha consumido casi la mitad de la población de bosques del planeta.

El poder político y económico irá por estos revolucionarios. Buscados como ‘ecoterroristas’, cada uno buscará su papel en la preservación de los bosques. La única secuoya superviviente de la región, con más de mil años de existencia, será su último bastión, pero el desenlace será fatal y  el horror los conducirá a tomar medidas aún más drásticas hasta intervenir en la propiedad privada de una empresa, un bien sagrado para la economía capitalista. El choque de dos mundos, dos visiones del progreso que se contradicen en este punto, acabará con una de las vidas de ellos.

Una novela coral, escrita a pulso sobre un statement ecopolítico, tienen en toda su extensión descripciones de árboles y datos científicos constatados, pero que resultan atractivos al ser narrados con la sensibilidad del ‘Walden’ de Thoreau o los diarios de John Muir, ambos autores citados y referidos en varios segmentos. Quizás esta novela sea una extensión del trabajo de ellos, dándose por hecho el valor incalculable de los ecosistemas, las plantas, los árboles, no como sujetos aislados, sino como comunidades que se comunican y quieren transmitir un mensaje a la humanidad (esta sería la teoría de la investigadora Patricia Westford). Una oda intensa a la naturaleza, al rol intrínseco que desempeña en cada uno de los habitantes de este planeta y un llamado a la acción individual para contribuir a la sostenibilidad.

Sin embargo, esta novela cojea por su extensión, la abrumadora cantidad de nombres de árboles y plantas que, para apreciar la imagen que quiere transmitir el autor, necesitarías un manual de botánica al lado. Hay historias paralelas como las de Neelay o la pareja Brinkman que no aportan a la trama central, tan solo dar otra perspectiva de cómo los árboles infieren en nuestras vidas. La historia por momentos se vuelve demasiado lenta y descriptiva. Considero que el Premio Pulitzer otorgado fue más por el perfil ecopolítico que una narración atractiva. O tal vez haya sido la intención de Powers en llevar esta escritura como una metáfora de lo intrincado y lento que puede ser un bosque.

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