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El hombre blanco colonizador en los cuentos de Roberto Arlt


Roberto Arlt
Roberto Arlt

En esta oportunidad, vamos con las reseña y algunos comentarios sobre cuatro cuentos de Roberto Arlt (1900-1942), renombrado escritor y periodista argentino, autor de novelas como 'Los siete locos' o 'Los lanzallamas', así como de interesantes artículos periodísticos y obras de teatro.

Todos los cuentos seleccionados se sitúan geográficamente en parajes exóticos, selváticos o agrestes, siguiendo las descripciones de los mismos. En 'Los hombres fieras', nos encontramos en Costa de Marfil, en la ciudad de Monrovia. Un juez afroamericano llegado de Harlem conversa con un sacerdote lugareño, a propósito de un juicio contra un hombre acusado de asesinato. El sacerdorte, por su parte, le contará la historia de otro juez, el doctor Traitering, quien estuvo en la misma situación frente a un condenado a muerte. Este hombre había participado en el juicio a unos cuarenta hombres que habían desaparecido a niños y mujeres para ser sacrificados en sus rituales. Todos fueron ejecutados a excepción de un niño llamado Kwesi. Este sería exonerado de la pena de muerte y llevado posteriormente a la cárcel. El juez, sin embargo, lo visitaría asiduamente para estudiar el caso del niño y su tribu, en vista de las observaciones sobre una supuesta transformación de aquellos hombres en bestias salvajes. Será días después que el niño confiese que se metamorfoseaba en una hiena durante el ritual previa a los sacrificios. Sin embargo, durante un paseo a los exteriores, el juez Traitering sucumbirá a un instinto salvaje interno junto al niño, convirtiéndose también en una bestia indómita. Esta transformación se vuelve recurrente y adicitiva para él, hasta que, en uno de los paseos con Kwesi, tendrá que elegir entre salvar su integridad humana o desatarse a la ferocidad inconsciente.

En 'Los cazadores de marfil', Arlt desplega un mejor arsenal narrativo de estilo suspense, al tratarse de la historia de un cazador de marfil que supuestamente asesinó a su compañero para apropiarse de todo el botín conseguido en las selvas del Congo. Peter, un hombrecillo de baja estatura, se reencuentra con Anderson, corpulento y macizco, años después en su cabaña frente a sus campos ganaderos y colinas. La incredulidad de Peter lo inmovilizará hasta la ejecución de la venganza por parte de Anderson. Sin embargo, la historia da un giro inesperado con la intervención del hijo de Peter.

Por su parte, en 'Los cazadores de orquídeas', nos encontramos frente al periplo de Guillermo Emilio y Tony, ambos primos, quienes se aventuran en la búsqueda de una orquídea negra. Para llegar hasta tal preciado tesoro, tendrán que ser guiados por Agib, llamado Ojo de Alá por su tío Taman. Este los compromete a unos preceptos en cuanto al cuidado del chico. Guillermo, apurado por encontrar la orquídea, acepta sus condiciones. Emprenden un viaje en medio de la selva agreste, hasta dar con el lugar de la orquídea. Aun cuando se les mencionó de la presencia de una serpiente negra guardiana de la flor, omitieron la advertencia y procedieron a desterrarla de su lugar para ser luego traslada a la ciudad. Sin embargo, Agib es atacado por la serpiente negra y sufre un fatal desenlace. Los cazadores, no obstante, pasan por alto su muerte y logran llevarse la orquídea, dejando el cuerpo inerte a merced de los carroñeros. Taman, al descubrir la muerte de Agib, castigará a Guillermo con un extraño mandato. Posteriormente, lo perderá todo (la ganancia futura) hasta hallarse sin salvación.

El último relato, titulado 'Accidentado paseo a Moka', rememora un paseo por la selva de Fernando Poo, a cargo de un hombre blanco y un séquito de esclavos negros, a fin de encontrar una laguna cuyos vapores tóxicos mataban a cualquier animal que cruzase cerca. El paseo respondí a una aventura por placer de descubrir y atesorar espacios. Sin embargo, el ayudante del narrador, Alí, padece de la enfermedad del sueño, que lo coloca en un estado de somnolencia, fiebre alta, dolor muscular y letargo. Transcurridas unas horas, en su piel aparecen manchas amarillentas y escarlatas. Alí muere y los demás esclavos huyen por miedo al contagio. El hombre blanco, temeroso de lo que podría sucederle estando solo en medio de la selva, decide aguardar hasta el día siguiente en un escondite. No obstante, es despertado por un grito estremecedor proveniente de algún lugar. Explora los alrededores hasta encontrar la cabeza y brazo de una mujer negra. Al inspeccionarla, cae en la sorpresa de que se encuentra viva y enterrada. Remueve la tierrra hasta extraer su cuerpo, y observa que le mutilaron la otra mano. Pasan días hasta que ella despierta y la herida cicatriza. Entonces ella se vuelve sumisa y agradecida, según él, y atenta a todas las necesidades del sujeto hasta que, a poco tiempo de regresar a la ciudad, se encuentran con una víbora gigante. Bokapi, la mujer negra, se sacrificará por él.


El hombre blanco como símbolo del poder colonial
frente a las comunidades africanas colonizadas


Hasta aquí van las tramas respectivas de los relatos. En adelante, haremos algunos comentarios que convergen en un tema central. No creemos que haya sido la intención del autor, aunque tampoco podamos probar su inocencia o ingenuidad al respecto; no obstante, todas las historias tienen como eje la figura del hombre blanco colonizador y su visión de los otros, los colonizados, como seres salvajes o sumisos, accesorios e, inclusive, indignos de vivir.

La pretensión puede sonar muy fuerte, pero, como reza el dicho, el diablo está en los detalles. 

Examinemos una de las reflexiones del narrador en el último cuento, "Accidentado paseo en Moka":
    
"Yo no era un sentimental; estaba acostumbrado a considerar al negro al mismo nivel que a la bestia, pero esta negra de cara romboidal, joven y ya martirizada, despertó mi piedad".

La representación del afrodescendiente en la literatura occidental, sobre todo a inicios del siglo XX, tuvo un lastre manejado por la ideología del pensamiento colonizador europeo sobre diversas regiones de África en el siglo XIX: lo negro es salvaje, insalvable e impío. Para el narrador, solo una situación tan extrema como la de Bokapi, la de haber sido mutilada y desterrada de su comunidad, podría despertar algún tipo de simpatía. Y este sentimiento se traducirá no necesariamente en un trato igualitario, sino en la posibilidad de acceder a su entorno, pero tratada como esclava. Al final, la narración culmina con su propio sacrificio para salvar la vida del hombre blanco.

Otro de los aspectos resaltante es la asociación de los afrodescendientes con el despertar de lo salvaje en el hombre civilizado. En el primer cuento, 'Los hombres fieras', el tema es expuesto claramente al tratarse de un juez que despierta su lado animal cuando comparte tiempo con Gan, un niño de una tribu que fue ejecutada por sacrificios y canibalismo. Nuevamente, se recurre al imaginario de lo salvaje, esta vez en el contexto de los rituales de una tribu, para introducir al personaje de Gan. El propio juez Traitering lo admite:

"Lo único que recuerdo es que en aquel momento experimenté un placer vertiginoso en degradar mi dignidad humana".

El hombre blanco, civilizado y europeo es una víctima, es un ser contaminado por la vileza; su dignidad humana se degrada al entrar en contacto con un hombre negro.

Por último, en ambos cuentos de los cazadores, los de marfil y los de orquídeas, se entiende una instrumentalización de la naturaleza y del extranjero, del exótico. Para los cazadores de marfil, el botín tenía un valor estrictamente monetario, no importase el impacto ecológico ni ambiental, ni mucho menos los medios para conseguirlo, si esto significase inclusive matar a alguien, aunque siendo el otro un nativo, no existe relevancia moral alguna:

"Su última aventura había consistido en matar a palos y cuchilladas a treinta nativos cargados de colmillos de marfil".

Caso similar ocurre con los cazadores de orquídeas. Guillermo Emilio no llega a conmoverse ni defender a Agib, el Ojo de Alá, ante el ataque de la serpiente. Lo importante es que tenía asegurado veinte mil dólares o más por el valor de aquella orquídea negra. Si aquello significa la muerte de un nativo o esclavo, estaría dispuesto. El remordimiento no llega hasta que una figura paternal como la de Taman lo afronta y castiga por menospreciar la vida de su adorado ayudante. 

Todos estas representaciones del hombre blanco sirven para entender una época de la historia y cómo tuvo repercusiones en la literatura o la ficción. Los imaginarios perduraron, siendo un acceso fácil recurrir a ellos para solventar narrativas que ensalzan al hombre civilizado frente a la barbarie, históricamente ligada con los nativos, los indígenas, los afrodescendientes y los esclavos.



Puedes leer estos cuentos y más en la página de Lima Lima Lee


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