Los versos de Blanca Varela son huracanes. O abismos. O golpes. O duchas frías. O calientes. O desgarros. O temblores. O incendios. O músculos. O pájaros. O rabia. O muerte. O resurrección. Anteriormente, había leído algunos de esos fragmentos dispersos y náufragos que están por las redes. Hace unos tres días, conseguí la antología "Como Dios en la nada", que reúne distintos poemas desde 1949 hasta 1993. En ellos, se vislumbra un arco de evolución, desnudez y silencios que me ha dejado anonado, como un K.O. Recién me levanto de la lona para escribir este breve artículo. No puedo abarcarlo todo si intento hablar del universo poético de Varela. Me parece, en estas circunstancias de herido y vapuleado, una labor ardua e inconcebible. Posee una paleta de visiones, imágenes, símbolos y, sobre todo, silencios, que para cualquier lector no le resultaría indiferente. Estoy seguro que al menos un solo verso de Varela puede conmover al universo. A veces, eso es todo lo que necesita la ...